Santiago, familia y últimos días…

Por desgracia la estancia se va consumiendo, ahora que estoy renovando fuerzas con la familia me dan ganas de proseguir viaje, lástima que el vil metal o mejor dicho, el trozo de plástico, impide vivir como los reyes.

El domingo 24, mi último domingo de viaje, ya cuento los días por lo que me queda, o me falta, vaya sufrimiento. Lo dedicamos a la familia, en realidad a los niños, a mi me despiertan todos los días a las 8, entran en la habitación y si no es diciendo “¿Duermes?” es con la pregunta “¿Has visto la hora?¿Qué quieres desayunar?¿Leche y cereal o yogur?”, menos mal que tras unos días volveré a dormir mis 12 horas, noto que me hacen falta.

A Ferrán, como le crece el pelo parado, se lo cortó Laura, y a punto estuve yo de cortármelo también, tengo los pelos de rey león o “yacsonfaif“.

…a pesar del pequeño disgusto, quedó guapísimo.

Pasamos el día de tiendas, primero en una peluquería dónde a Enzo le cortaron el pelo, eso sí, bajo la atenta mirada de Laura, que si te despistas a todos los niños les cortaban el pelo como a señor: más corto por detrás, en cuña por los lados y con la raya marcada por un flequillo enorme al más puro estilo “me estoy quedando calvo”, y la verdad, asusta ver eso en un niño de 4 ó 5 años.

Luego nos tocó comprar cuadernos, pinturas, lápices… y todo lo básico para comenzar el cole, así estaba la ciudad, todo el mundo en los centros comerciales, como en septiembre en casa, pero aquí lo que impresiona es que todos los colegios por ley desde el año 1957, creo, tienen la obligación de ir uniformados, así que los que más abundan son los pantalones de pinzas o faldas plisadas de color gris, las camisas blancas y los chaquetas y jerséis azules, zapatos negros y zapatillas blancas para el deporte. Muchos colegios obligan hasta el color del calzado.

El resto del día lo pasamos en el centro comercial, comiendo y paseando, lo que hace una familia en su día libre :-) al menos eso me enseñaron mis padres cuando de pequeños nos llevaban al Alcampo (que ahora es Carrefour).

Por la noche, cuando era por la tarde en la península Ibérica, presencié ese bonito momento de unión familiar que nos facilitan las empresa como Timofónica o Microchof, la familia en torno al computador reunida una tarde de domingo…

…lo cierto es que es un goce poder verte y hablar… no se como lo aguantan los emigrantes que no ven a sus familias durante tiempo.

Lunes 25 de febrero… otro día de paseo, acompañé a Laura a su oficina y luego me eche a andar… primero pasé por el parque de las esculturas, una zona al otro lado del río en la que todas las empresas Chilenas o multinacionales han pagado una escultura a un artista y la tiene allí, dándose ellas más importancia que al autor. En ese parque me hice una amiga nueva, me siguió todo el rato, durante ese día me trató de adular pero al final no pasó a mayores, en todo caso os la presento en foto porque su nombre no me lo quiso decir:

Vino conmigo hasta el barrio de Buena Vista, barrio de casas de colores, más bohemio, dónde residió Pablo Neruda. Un lunes temprano no hay casi nadie y menos el único día que cierran la casa museo del poeta, así que estaba yo sólo por allí con los del barrio y los cuatro transeúntes de resaca… El barrio es precioso, muy agradable de pasear y con todas esas casas luminosas contrasta con el resto de Santiago, al menos la parte más céntrica y comercial.

Luego fui hacia plaza Italia y me estuve un buen rato sentado, en el paseo arbolado, leyendo y con la música a tope para tapar el ruido de los coches y eso que no suenan las bocinas como en otros países. Luego proseguí el paseo por el centro, en otro andador (no me acuerdo del nombre ahora) me quedé un buen rato viendo como filmaban una escena de cine, no sé si para un anuncio o para una película, lo que me resultó curioso es la de rato y gente que interviene para filmar a dos personas sentadas que observan pasar a otras dos que cortan el plano… y lo repitieron no sé cuantas veces…

De allí seguí caminando y caminando, no sé ni por que calles me metí, era más observar la ciudad que otra cosa, así que sin tener claro hacia dónde me encontré una plaza dónde había unos chavales haciendo skate, estaba preparada para ello, suelo hundido y ondulado, ligeramente inclinada en el sentido largo para que la tabla no pierda velocidad y los bordes romos y amplios acababan en un poco de césped, para pasar el rato entre mirar y no me compré la revista The Clinic, que con un sentido del humor muy amplio toca temas tabú en la sociedad chilena, dando voz a gente y situaciones que normalmente los medios esquivan, algo así como El Jueves pero no centrada únicamente en el cómic. Tras comer tarde y con la paliza que llevaba de andar sin saber a dónde, me fui pronto a casa, que me apetecía mucho disfrutar de Enzo y Ferrán y jugar con ellos.

(Hoy 14 de marzo dejo los recordatorios, a ver si mañana me pongo y acabo la crónica del viaje, antes de que se me olvide todo o emprenda otro nuevo, quien sabe.)

Fin de semana familiar en Olmue, Chile.

(por si alguien no se acuerda o no lo sabe, escribo esto desde la ciudad de Fluvi, las obras y el viento: Zaracity)

El viernes 22 y sábado 23 de febrero, y excursión familiar a Olmue, un pequeño pueblo próximo a Santiago, a una hora de coche, allí nos espera Pablo con sus hijos Camilo y Diego, en un pequeño complejo de veraneo con cabañas y una piscinas, zona de juegos, mucha vegetación y parrila (algo importante en el cono sur), el sitio se llamaba La Siesta, así que os podéis hacer una idea de la dinámica.

Pasamos los dos días jugando y disfrutando de la comida, con los críos dando guerra y corriendo por todo, cazaban caracoles, recolectaban fruta, subían a los árboles… y los mayores a turnos, o dormitábamos o los vigilábamos un poco, pero poco, el lugar era perfecto para que los padres se relajaran…

hicieran tonterías:

durmieran:

leyeran:

y los demás a disfrutarlo:

Incluida la visita al pueblo y un pase en caballo, al rededor de la plaza, subidos en unos corceles más mansos que un caracol… al menos el que me tocó a mi y a Orlando lo eran, no pasaba de 2 km/hora.

Por la noche llegó el hermano de Pablo y preparamos un buen asado, no de un kilo de carne por cabeza pero casi, la conversación se prolongó hasta bien tarde, se nota que cuando no hay niños alrededor cambia el chip y comienza el relajo.

El sábado por la noche regresamos a Santiago, el domingo tocan compras porque en marzo comienzan las clases del colegio, hay que preparar todo.