Lllegar y…

… bueno, llegar no, en realidad ni de casualidad se llega fácilmente a Tripoli. El viaje contaba con una escala de 4 horas en el último país europeo en aprobar el divorcio, antiguos responsables de mi antiguo trabajo en Roma, el mismo que todavía no me ha ha terminado de pagar lo que me debe.

Como la compañía de Malta se lía con vuelos pues… el segundo avión salió con dos horas y media de retraso, con lo cual la escala se convirtió en 6 horas y media de espera, sin salir del aeropuerto pero con la suerte de que tenían conexión wi-fi gratuita … uffffff… menos mal.

A Tripoli llegamos a las 19.30, tras volver a pasar controles de seguridad del equipaje a mano y las maletas por el escaner antes de entrar en el país… allí nos esperaba Mohamed y Max (también llamado Mohamed pero conocido como Max por ser cirujano masilo facial). Nos llevaron en su coche hasta el hotel, que no es que fuera fácil encontrarlo ya que no teníamos referencia de la calle si no de la zona “cerca del Corinthian, en ese barrio”… un hotel que nos recomendaron Gabrielle y Alessio, otros dos colegas de Nancy que cubrieron la guerra de liberación de Libia.

La primera impresión responde a las películas de países árabes actuales: avenidas anchas, arena y polvo, coches japoneses grandes, amplios espacios, desorientamiento por ser ya de noche y con la señaletica en árabe.

Tras dar unas cuantas vueltas por el barrio encontramos dos hoteles, confrontados los precios nos quedamos en el que nos ofrece internet en la habitación… aunque la capacidad de subida y bajada sea de 56kps…. vuelta a la era módem

Luego nos vamos, siempre en coche a cenar y probamos la primera comida “cocinada” del día, desde las 6.30 que habíamos desayunado sólo habíamos ingerido porquerías en el avión y en el aeropuerto… viva la química envasada al vacío!!! Un buen kebab, ensalada y agua o refresco… nada de birra ni vino, en Libia son ilegales, así comprendemos porque nos hicieron volver a escanear las maletas a la llegada. Muy amablemente nos invitaron a la cena.

Al día siguiente, tras levantarnos con calma … a las 8 am, la ciudad ya bullía, bajo la ventana del Hotel había nacido el mercado, estamos en el centro más o menos, y todas las calles son comerciales: locales, puestos, tenderetes, aceras… cualquier superficie vale para vender, por lo que nos cuentan los alquileres no son nada económicos: una tienda 10.000 Dinares (más de 5.500€) al mes y los tenderetes hasta 1.000 Dinares (550€).

Nos subimos a un taxi (nos toma el pelo por primera vez… nos pide 24 Dinares, al llegar le damos 15 y la carrera costaba entre 3 y 5 Dinares… una y no más Santo Tomás. Ya no nos ha vuelto a suceder) para que nos lleve a la embajada de Italia. La embajada está cerrada al público ya que el Sábado es el día de fiesta pero el personal de servicio nos da algunas indicaciones sobre seguridad y precauciones a tomar. Volvemos hasta el hotel andando en unos 40 minutos de caminata. Mas tarde nos encontramos con Mohamed y otro amigo amigo suyo Bahim, nos enseñan la ciudad un poco, vamos de compras y se nos une Ahmed.

Tripoli cafe

 

Entre los tres, con cafés y tes, nos van poniendo al día de Tripoli, perfecto inglés (cosa que agradezco) y a ratos en árabe (cosa que Nancy aprecia para poder ir ya mejorando) la conversación deriva desde la posibilidad de internet hasta la de alquiler de casas. Sentados en el centro llueven las llamadas y nos ofrecen distintas opciones, nos preparan los documentos para la tarjeta de teléfono y nos llevan a comer.

Tripol's friends

El café lo tomamos con vistas al mar, al atardecer sobre las 17… el sol cae pronto, y con las ruinas de una vieja mansión de Gadafi destruida y recuperada como zona de ocio para la gente y con charlas y demás vamos entendiendo como se desarrolla la vida en Trípoli tras la revolución: obtener casa, conseguir coche, conexión a internet (aquí se usa el wi-max), etc…

Pasamos a conocer a otro amigo, Ibrahim, que está reformando su tienda “The Best Look”, parece que Nancy haya encontrado su primer empleo en la construcción pero todavía está en período de pruebas. Más tarde nos devuelven al hotel, damos hacemos un pequeño paseo y a dormir.

 working hard at Tripoli

El domingo, día laborable aquí, vamos a pié a la embajada italiana donde nos reciben muy amables, nos informan sobre la situación de seguridad y nos toman los mail para informarnos de los posibles cambios y situaciones a tomar. Desde allí tomamos un taxi (5 dinares), un taxista que conduce como un … Shumacher como él mismo declara nos ayuda a encontrar una embajada que nadie conoce, la espaniola, en una parte de la ciudad para nada céntrica. Llego allí y nos abren la puerta muy amablemente unos agentes, en el interior me presento al funcionario y le cuento que a pesar de la reticencia de la embajada me he trasladado a vivir con mi compañera, me pide el pasaporte una foto y que rellene un formulario… cosa que hago, y paso a estar inscrito como residente en Libia. Luego una funcionaria viene a ver quien soy y con aire alarmado me dice que el país es peligroso, que no debería estar aquí, pero bueno, que ya que estoy que les diga lo antes posible mi dirección y teléfono en Trípoli… le pregunto donde tengo que llamar y me dice que mire la web de la embajada que allí está el teléfono. Cuando le comento: no tengo internet, no tengo teléfono aún, quizás si usted me lo apunta en un papel … no me lo da, repite que mire la web y ante mi insistencia me dice que hay cibercafés!!!! vuelvo a insistir, le pido un numero de móvil al que yo pueda mandar un sms con el teléfono que me van a dar en pocas horas,  consiente ir a su despacho para darme una tarjeta de visita. Por supuesto el número de seguridad no me lo ha dado, luego he pedido información sobre la comunidad española en Trípoli, si existe, si hay reuniones… nada. He preguntado cuantos somos: 20, 100, …. , somos pocos es la respuesta. Con un servicio así no creo que me vuelvan a ver por ahí, me fío más de la gente de Trípoli, personas que no conocía de nada y me han dado comida, transporte, ayuda… seres humanos en definitiva.  (hay que decir que los italianos es lo primero que nos dieron, teléfono de seguridad y ayuda sin pedir más explicaciones, incluso a mi que soy español)

Desde allí otro taxi conducido por el señor Aiad, un ex técnico de la televisión, se lía a hablar árabe con Nancy y insiste en que yo podría aprender, que él puede ser mi profesor…

Nos encontramos con los amigos en la tienda de Ibrahim y Ahmed, después de comer, nos regala las tarjetas de teléfono, no quiere que se las paguemos y nos configura los teléfonos. Nos dice que nos ha conseguido un módem wi-max (difícil de conseguir desde después de la guerra) a un precio económico (menos de lo que cuesta en el mercado de segunda mano) e insiste en ayudarnos con la casa. Todos los amigos nos ayudan mucho, están pendientes de nosotros todo el día, nos acompañan y nos cuidan. Por la tarde noche, desde las 21 nos quedamos en el hotel en caso de estar solos, para no arriesgar inútilmente, si estamos con personas libias nos llevan con seguridad en sus coches 4×4 o gran sedan.

Hasta hoy la primera impresión es espectacular, un pueblo abierto, gente muy amable y hospitalaria, como la mayoría de los países mediterráneos. Es cierto que la situación en algunas zonas del país es muy delicada, pero por ahora Trípoli no nos hace sentir inseguridad ni peligro, los cafés en las plazas se ven vivos, la gente en los mercados vive la calle, las avenidas están llenas de coches, el tráfico es impresionante gracias a un precio irrisorio de la gasolina (un depósito 5 Dinar = 2.8€) el deporte nacional es conducir.

De momento esta es la primera impresión. Poco a poco espero poder ir contando mis experiencias o cambio de ideas.

3 thoughts on “Lllegar y…”

  1. Siempre es más complicado el comienzo y a pesar de todo, con la gente de Libia habéis tenido suerte, ojalá que continúe.

  2. Daje Vitrubio… mi faro’ tradurre tutto intanto un saluto enormeeeeeeeeeeeee

    a presto!!!

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